El censo de un vistazo

El Censo Mundial de CEA de Agritecture/CEAg World es lo más parecido que tiene el sector de la agricultura interior a una autoevaluación exhaustiva. La edición de 2025 recopiló respuestas de 316 explotaciones de 54 países, abarcando desde la viabilidad económica y la adopción de tecnología hasta el desarrollo de la mano de obra y la innovación en los modelos de negocio. No se trata de un comunicado de prensa ni de una presentación comercial. Son los propios operadores agrícolas quienes informan sobre sus condiciones reales, lo que lo convierte en una de las fuentes de datos más valiosas disponibles para comprender cuál es la situación real de este sector.

La tónica general que se desprende de los datos es la de la maduración. El sector de la agricultura en interiores está pasando de su primera fase —caracterizada por ambiciosas demostraciones tecnológicas, rondas de financiación de capital riesgo y una rápida expansión— a una segunda fase definida por la disciplina operativa, el análisis minucioso de la rentabilidad por unidad y una expansión cautelosa. La era del «avanzar rápido y romper moldes» en la agricultura en interiores ha llegado a su fin. Lo que la sustituye es el trabajo más arduo y menos glamuroso de demostrar que la producción en entornos controlados puede ser un negocio sostenible, y no solo una tecnología impresionante.

Rentabilidad: la brecha se está reduciendo

Los resultados del censo sobre la viabilidad económica confirman lo que cualquiera que haya seguido de cerca el tema ya sospechaba: la mayoría de las explotaciones de agricultura interior aún no son rentables, pero la diferencia entre las estructuras de costes actuales y el umbral de rentabilidad se está reduciendo.

Los operadores que están reduciendo esa brecha comparten algunas características comunes. Han dejado atrás la dependencia de un único canal de ingresos —la venta de productos al por menor— para orientarse hacia fuentes de ingresos diversificadas que aprovechan los activos y la experiencia que ya han acumulado. Actúan con disciplina a la hora de ajustar la capacidad de producción a la demanda contratada, en lugar de crecer de forma especulativa. Y toman decisiones sobre los precios basándose en el coste real de producción, en lugar de en los precios de la competencia o en objetivos de margen ambiciosos.

El cambio más importante en el debate sobre la rentabilidad es que el sector ahora habla, por fin, de la economía por unidad. Hace tres años, el indicador predominante era la escala: cuántos pies cuadrados, cuántas toneladas de capacidad de producción, cuántos millones recaudados. Los datos del censo reflejan una comunidad que ha interiorizado la dolorosa lección de que la escala sin márgenes no es más que una forma más rápida de quedarse sin dinero. La brecha del ERP en la agricultura de interior: por qué la mayoría de las explotaciones siguen funcionando con hojas de cálculo

Adopción de la IA: primeras etapas, grandes expectativas

Los datos del censo sobre la adopción de la IA revelan una brecha entre las aspiraciones y la realidad que merece la pena analizar detenidamente, ya que tiene implicaciones prácticas sobre cómo deberían distribuir los operadores sus presupuestos tecnológicos.

La mayoría de las explotaciones agrícolas se encuentran en las primeras fases de la integración de la IA: utilizan sensores y cámaras para la supervisión y la recopilación de datos, pero aún no han implantado modelos predictivos que optimicen el control climático, el riego o la programación de las cosechas en tiempo real. Las razones son más prácticas que filosóficas. La complejidad de la integración es el obstáculo más citado: la mayoría de las granjas de interior utilizan un mosaico de sistemas de distintos proveedores, y lograr que esos sistemas se comuniquen entre sí —por no hablar de introducir sus datos en modelos de IA— requiere un trabajo de integración para el que muchas explotaciones carecen de los recursos de ingeniería necesarios.

El coste es la segunda barrera. Las soluciones de IA que se comercializan para las explotaciones de agricultura interior suelen requerir una inversión inicial considerable y cuotas de suscripción continuas que resultan difíciles de justificar cuando la propia explotación aún no es rentable. Es comprensible que los operadores se muestren escépticos ante los proveedores de tecnología que prometen mejoras en el rendimiento gracias a la IA, cuando aún no se ha respondido a la pregunta más fundamental: si el modelo de negocio funciona.

El estudio sugiere que las explotaciones agrícolas que hacen un uso más eficaz de la IA son aquellas que la abordan de forma gradual: comienzan por la recopilación y el seguimiento de datos, crean conjuntos de datos históricos y, a medida que la base de datos madura, van incorporando capacidades predictivas. Las explotaciones que pasan directamente a un modelo en el que «todo está optimizado mediante IA» sin establecer primero canales de datos fiables tienden a generar ruido costoso en lugar de información útil.

Innovación en el modelo de negocio: más allá de la venta de productos agrícolas

Uno de los hallazgos más interesantes del censo es la aparición de modelos de ingresos que van más allá del paradigma tradicional de la producción y la venta. Los operadores que demuestran un enfoque más creativo en materia de sostenibilidad son aquellos que se plantean una pregunta diferente: ¿qué más pueden generar estas instalaciones y esta experiencia?

Los servicios de datos constituyen una categoría de ingresos incipiente, pero en crecimiento. Las explotaciones agrícolas que han creado sólidas bases de datos sobre seguimiento medioambiental y rendimiento de los cultivos están descubriendo que sus datos tienen valor para las empresas de semillas, los investigadores agrícolas y otros agricultores. Los acuerdos de cultivo por contrato —en los que una explotación produce cultivos específicos bajo contrato para grupos de restauración, servicios de alimentación institucionales o minoristas especializados— proporcionan una previsibilidad de ingresos que las ventas minoristas especulativas no pueden ofrecer. La concesión de licencias tecnológicas permite a los operadores que han desarrollado sistemas o procesos propios monetizar su propiedad intelectual sin necesidad de invertir capital en instalaciones adicionales.

Los servicios de consultoría representan otra fuente de ingresos emergente. Los operadores que han superado la curva de aprendizaje que supone construir y gestionar una granja interior cuentan con unos conocimientos adquiridos con gran esfuerzo por los que los nuevos participantes estarán dispuestos a pagar. La ironía no pasa desapercibida para el sector: parte de los conocimientos más valiosos sobre la agricultura interior se generaron a partir de los errores y los casi fracasos que estuvieron a punto de destruir a las empresas que ahora se encuentran en posición de vender esos conocimientos.

Esta tendencia hacia la diversificación pone de manifiesto que el sector está adoptando un enfoque más pragmático en cuanto a cómo se crea y se capta valor. Es probable que las explotaciones que sobrevivan a largo plazo se parezcan más a empresas tecnológicas y de servicios que, casualmente, cultivan alimentos, que a explotaciones agrícolas tradicionales que, casualmente, utilizan tecnología.

El reto de la mano de obra

El censo confirma lo que los responsables de contratación del sector de la agricultura en interiores llevan años comentando de forma anecdótica: la escasez de mano de obra es real, es estructural y no va a desaparecer por sí sola.

El sector necesita personas capaces de tender puentes entre la ciencia agrícola y la tecnología: personas que se sientan cómodas tanto con la fisiología vegetal como con los sistemas de software, y tanto con la química de los nutrientes como con el análisis de datos. Esa combinación de habilidades es poco frecuente, ya que apenas existen itinerarios formativos que la proporcionen. Los programas de agricultura tradicionales no enseñan programación de software. Los programas de informática no enseñan ciencias de los cultivos. El resultado es una carencia de talento persistente que obliga a las empresas a contratar a personal de un ámbito y formarlo en el otro, o bien a competir intensamente por el reducido grupo de candidatos que, de alguna manera, han adquirido por su cuenta el conjunto completo de habilidades.

Los datos del censo sugieren que la programación de software se considera ahora una necesidad fundamental de la mano de obra, junto con la ciencia de las plantas y la gestión de operaciones —un cambio que habría sido impensable en el sector agrícola hace una década—. A medida que las explotaciones agrícolas dependen cada vez más de plataformas de software integradas para todo, desde el control climático hasta la gestión de inventarios y la elaboración de informes financieros, la capacidad de configurar, solucionar problemas y ampliar esos sistemas cobra tanta importancia como la capacidad de diagnosticar una deficiencia de nutrientes u optimizar una configuración de iluminación.

La brecha tecnológica

Una observación implícita sobre la infraestructura de software se desprende de varios de los resultados del censo: la mayoría de las granjas de interior funcionan con pilas tecnológicas fragmentadas e inadecuadas que generan fricciones operativas y limitan la capacidad del sector para crecer.

Las barreras para la adopción de la IA —la complejidad de la integración, los silos de datos y la falta de interfaces estandarizadas— son, en esencia, problemas de software. El reto que plantea la mano de obra —la necesidad de contar con programadores además de agrónomos— es un síntoma de que los sistemas de software requieren demasiada ingeniería a medida para funcionar. Las limitaciones del modelo de negocio —la dificultad para realizar un seguimiento de la rentabilidad por unidad y la imposibilidad de comparar el rendimiento— reflejan la ausencia de plataformas integradas de gestión agrícola que conecten los datos medioambientales, las métricas de producción y los resultados financieros en un único sistema.

El giro del sector hacia plataformas digitales integradas de cultivo —sistemas que unifican el control climático, la supervisión de los cultivos, el seguimiento de los recursos y el análisis empresarial— es una de las conclusiones más aplicables del censo. Las explotaciones que reduzcan primero la brecha de rentabilidad serán, en su gran mayoría, aquellas que resuelvan primero el problema del software, ya que es el software el que conecta las decisiones operativas (cuánta luz, cuánta agua, cuándo cosechar) con los resultados financieros (coste por kilogramo, margen por cultivo, rentabilidad de la inversión en instalaciones) que determinan si la explotación sobrevive.

¿Qué vendrá después?

El censo de 2025 ofrece una imagen de un sector que se encuentra en un punto de inflexión. La primera ola de la agricultura interior consistió en demostrar que la tecnología funcionaba. Y así fue. La segunda ola se centró en ampliar esa tecnología a la producción comercial. Eso se logró, pero la viabilidad económica no siempre siguió el mismo camino. La tercera ola —la que, según sugieren los datos del censo, ya está en marcha— consiste en demostrar la viabilidad del modelo de negocio. Informe semestral del sector de la agricultura de cultivo controlado (CEA): consolidación, inteligencia artificial y lo que está por venir

Los operadores que marcarán esta tercera ola no son necesariamente aquellos que cuentan con la tecnología más avanzada o con las instalaciones más grandes. Son aquellos que tienen una visión más clara de la rentabilidad de sus unidades, el enfoque más disciplinado a la hora de ajustar la producción a la demanda y los sistemas de software más integrados para vincular los datos operativos con los resultados financieros. Son aquellos que han interiorizado la lección fundamental del censo: que el futuro de la agricultura en interiores depende menos de cultivar mejores plantas y más de crear mejores negocios.

Trescientos dieciséis encuestados de 54 países no representan a todo el sector, pero constituyen una muestra lo suficientemente amplia como para resultar instructiva. Los datos reflejan una madurez conseguida a base de mucho esfuerzo: la de un sector que intentó crecer demasiado rápido, sufrió las consecuencias y ahora se está reconstruyendo con mayor lucidez y una disciplina más rigurosa. No se trata de una historia de fracaso, sino de un sector que, por fin, está llevando a cabo el arduo trabajo que exige el crecimiento sostenible.